
El control mediático en la región descansa sobre una arquitectura material calibrada: la alianza entre monopolios de comunicación, desregulación estatal y guerra psicológica. La manipulación de la opinión pública es el resultado directo de un diseño político y económico donde el blindaje corporativo, el dominio de las redes, la profesionalización de las granjas de bots y los equipos de trolls operan al unísono.






