
El clima social exhala hoy un tufo que resulta imposible de enmascarar. Ya no alcanzan la fragancia estridente de la 'motosierra', el cosmético de la retórica 'mussoliniana' ni el aerosol de la 'batalla cultural'. Lo que se respira es un aire denso y acre, un hedor que emana tanto de las sombras del oficialismo libertario como de las alfombradas oficinas del poder económico





