La fecha que el poder quiso convertir en olvido

Hay fechas que el poder intenta borrar. El 8 de octubre de 1967 es una de ellas. Aquel día, en la Quebrada del Yuro, un grupo de diecisiete guerrilleros libraba su último combate. Entre ellos estaba Ernesto Che Guevara: herido en una pierna, con el fusil inutilizado por los disparos y resistiendo tras una roca.
10/10/2026Gustavo VeGustavo Ve

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Cuba recuerda al Che

A la mañana siguiente, en la escuela rural de La Higuera, el sargento Mario Terán recibió la orden de ejecutarlo.

Según recordaría el propio Terán años más tarde, ante la mirada penetrante del prisionero vaciló unos minutos antes de disparar una ráfaga «del pecho para abajo» para simular heridas sufridas en combate. 

Sentado en un banco de madera, con las manos atadas, miró a los ojos a su verdugo y le dijo :

 «Serénese y apunte bien: va a matar a un hombre».

El Che tenía 39 años y se convertia en leyenda.

El hombre nuevo

Quienes ordenaron el fusilamiento creyeron que destruyendo al hombre destruían también su legado. Sin embargo, en su ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, publicado en el semanario uruguayo Marcha en 1965, Guevara sostuvo que la transformación de la sociedad resultaría incompleta si se limitaba al desarrollo material sin apelar a los valores morales:

«Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo. De allí la importancia de escoger correctamente el instrumento de movilización de las masas. Ese instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material».

Sus Cuadernos de lectura de Bolivia demuestran que el debate filosófico y la lectura teórica lo acompañaron hasta sus últimos días de campaña en la selva.

La operación de silencio

El asesinato de Guevara fue una decisión política tomada en las más altas esferas de La Paz. La orden viajó cifrada: el número 500 identificaba a Guevara; el 600 significaba mantenerlo vivo; el 700 ordenaba su eliminación. Años más tarde, el general Gary Prado Salmón ratificaría que la resolución de ejecutarlo sumariamente fue adoptada en conjunto por el presidente René Barrientos, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Alfredo Ovando Candia, y el jefe del Estado Mayor, Juan José Torres.

El juicio público del Che representaba un peligro inaceptable: habría transformado al tribunal en una tribuna revolucionaria de alcance internacional. Prefirieron la ejecución clandestina.

Los captores del Che, el 2.º Batallón de Rangers, habían sido entrenados por instructores militares estadounidenses, y el interrogatorio previo en La Higuera contó con la presencia del agente de la CIA Félix Rodríguez.

Antes de enterrarlo en una fosa común junto a la pista de aterrizaje de Vallegrande, las autoridades militares le amputaron las manos para enviarlas a La Paz, donde una comisión de la Policía Federal Argentina cotejó las huellas dactilares con la ficha original conservada en su país natal. Cumplido el procedimiento, confiaron en que la tierra anónima haría el resto.

El 11 de octubre, dos días después del crimen, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Walt Rostow, le evaluaba al presidente Lyndon B. Johnson en un memorándum confidencial:

«La muerte del Che Guevara marca la desaparición de otro de los agresivos revolucionarios románticos».

Washington dio por cerrado el caso.

Se equivocaron.

El retorno

Pero la tierra que debía borrarlo terminó devolviéndolo.

A principios de julio de 1997, tras el hallazgo de la fosa en Vallegrande a fines de junio, una misión científica integrada por especialistas cubanos y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó y exhumó sus restos. Investigadores venidos de Argentina —el país donde Guevara había nacido, en Rosario, en 1928— desenterraron el cuerpo que la dictadura boliviana había intentado desaparecer.

El 12 de julio de 1997 los restos fueron trasladados a Cuba y, el 17 de octubre de ese mismo año, inhumados definitivamente en el Mausoleo de Santa Clara, la ciudad donde libró su batalla más decisiva.

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Fuentes bibliográficas y documentales

👉 Ejecución y testimonios de La Higuera: Prado Salmón, Gary. La guerrilla inmolada, Tercera Juventud, La Paz, 1987. Testimonios de Mario Terán Salazar e informes del Comando del Ejército de Bolivia (octubre de 1967).

👉 Documentación diplomática de EE. UU.: Rostow, Walt W. Memorandum From the President's Special Assistant (Rostow) to President Johnson: "Death of 'Che' Guevara", Washington, 11 de octubre de 1967. Publicado en Foreign Relations of the United States (FRUS), 1964–1968, Volume XXXI, South and Central America, Doc. 171.

👉 Archivos desclasificados de inteligencia: National Security Archive, George Washington University. The Death of Che Guevara: U.S. declassified documents.

👉 Cotejo dactiloscópico y peritaje argentino: Seoane, María. «El misterio de las manos del Che», diario Página/12, Buenos Aires, 12 de octubre de 2005. Testimonio del perito Nicolás Pellicari y registros de la Policía Federal Argentina.

👉 Escritos teóricos del Che Guevara: Guevara, Ernesto Che. «El socialismo y el hombre en Cuba», semanario Marcha, Montevideo, 12 de marzo de 1965.

👉 Estudios sobre los manuscritos de campaña: Kohan, Néstor. En la selva. Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propósito de sus Cuadernos de lectura en Bolivia, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 2011.

Exhumación e identificación forense (1997): Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Trabajos de prospección e identificación en Vallegrande, Bolivia, junio-julio de 1997. Centro de Estudios Che Guevara, La Habana.

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