
En 1926, la Ruta Nacional N.º 7, la vital arteria que hoy une Mendoza con Chile, era un desafío formidable, un vestigio del histórico Camino Real del Oeste. Esta senda, que había conectado Buenos Aires con Santiago de Chile desde tiempos coloniales, serpenteaba a través de la imponente cordillera andina, uniendo historia, geografía y la formidable ingeniería ferroviaria de aquellos tiempos.









