
La Constitución Ausente: Cómo la Identidad y las Fronteras Divididas Impiden la Ley Fundamental de Israel

Una recién fundada Organización de las Naciones Unidas, que tras la Segunda Guerra Mundial -con el antecedente del Holocausto y la posición de Estados Unidos y la Unión Soviética favorable a la creación de un estado judío en Palestina- propuso en 1947 la "solución de los dos Estados", posteriormente conocida como Resolución 181, la cual optó por "dividir Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío, con un régimen internacional especial para Jerusalén".
Así, el 14 de mayo de 1948, el sionista David Ben-Gurión proclamó la independencia de Israel en ese territorio, si bien ya existía entonces una población que había vivido en esta región, Palestina, durante siglos.
SIONISMO |
Una nación moderna sin Constitución Nacional
La Declaración de Independencia israelí establecía explícitamente que una constitución sería redactada por una Asamblea Constituyente. Sin embargo, esa promesa quedó rápidamente olvidada. Las profundas fisuras en la sociedad recién nacida – entre religiosos ortodoxos y laicos, entre diferentes corrientes sionistas, y sobre la relación entre religión y Estado – hicieron imposible alcanzar un consenso sobre un documento fundacional único. El llamado "compromiso Harari" (1950) pospuso indefinidamente la constitución completa, optando por construirla gradualmente a través de "Leyes Básicas"
Dos Obstáculos Fundamentales: Identidad y Territorio

1. La Batalla por la Identidad:
¿Qué define a Israel? ¿Un Estado judío con leyes religiosas (Halajá) influyentes al estilo Teocrático, o un Estado laico con plena igualdad para todas las minorías? La tensión entre la visión religiosa y la secular es una constante. "Una constitución requeriría definir el carácter del Estado, algo que genera un choque frontal entre quienes priorizan la identidad judía religiosa y quienes defienden un Estado democrático y pluralista con separación clara entre sinagoga y gobierno", explica la profesora de Derecho Constitucional, Talia Einhorn. Las minorías no judías, principalmente árabe-israelíes, temen también que una constitución sancione su estatus de segunda clase.
2. El Dilema de las Fronteras: Setenta y seis años después de su creación, Israel no tiene fronteras internacionalmente reconocidas ni definitivas. Los límites han fluctuado con cada guerra (1948, 1967). La ocupación de Cisjordania y Jerusalén Este desde 1967, y la política de asentamientos, crean una realidad compleja. Formalizar una constitución implicaría, para muchos, definir esas fronteras. "Existe una resistencia significativa en sectores políticos y de asentamientos a 'congelar' las fronteras mediante una constitución", analiza el analista político David Landau. "Una constitución fija límites; la ambigüedad territorial permite la posibilidad para futuras, anexiones,ocupaciones o negociaciones que permitan expandirse bajo condiciones muy favorables".

El Parche Constitucional: Las Leyes Básicas
En lugar de una constitución única, Israel funciona bajo un sistema de "Leyes Básicas" y legislación ordinaria. Estas leyes cubren aspectos fundamentales como la Presidencia (1964), el Gobierno (1968, 1992, 2001), la Knesset (1958), la Judicatura (1984), y derechos humanos clave: Dignidad Humana y Libertad (1992) y Libertad de Ocupación (1994). La "Revolución Constitucional" de los años 90, liderada por el ex Presidente de la Corte Suprema Aharon Barak, otorgó a estas Leyes Básicas supremacía judicial, permitiendo a la Corte anular leyes ordinarias que las contradigan.
Sin embargo, este sistema es fragmentado, incompleto y sujeto a cambios por mayoría parlamentaria simple. Carece de una declaración de derechos integral y deja vacíos importantes. "Es un edificio constitucional construido con parches", señala Einhorn. "Proporciona cierta estructura básica y protección de derechos fundamentales, pero le falta la solidez, claridad y legitimidad amplia de una constitución plena".
El Impacto en el Conflicto y la Ocupación
La ausencia de fronteras definidas y la falta de un marco constitucional que delimite claramente la soberanía israelí han tenido un impacto directo en el conflicto palestino-israelí. La ambigüedad ha sido utilizada por sucesivos gobiernos israelíes, especialmente de derecha y nacionalistas religiosos, para justificar y promover la expansión de asentamientos en Cisjordania ocupada. La lógica es que, sin fronteras fijadas por una constitución, estos territorios no son formalmente "extranjeros" en el sentido pleno, permitiendo su asentamiento y eventual anexión "de facto" o "de jure".
Esta política, considerada ilegal por la gran mayoría de la comunidad internacional, es uno de los mayores obstáculos para la solución de dos Estados y alimenta la violencia cíclica que desestabiliza la region.

¿Un Futuro Constitucional?
El debate sobre la constitución resurge periódicamente, especialmente durante crisis políticas o sociales profundas. Sin embargo, las mismas divisiones que la impidieron en 1948 parecen más agudas que nunca en la actual polarizada sociedad israelí. Avances como las Leyes Básicas de derechos humanos fueron hitos, pero la creación de una constitución completa requiere superar los desacuerdos internos fundamentales sobre la identidad nacional y las fronteras, algo que parece una quimera en el horizonte político actual.
Mientras tanto, Israel sigue gobernándose bajo un peculiar sistema de "constitución por acumulación", un testamento vivo de sus fracturas internas no resueltas y de su existencia en un limbo territorial que alimenta uno de los conflictos más largos y complejos del mundo. La sombra de la constitución ausente impacta , larga y divisiva no solo sobre Israel,sino en todos los pueblos,semitas o no, de Medio Oriente y,tal vez,de Argentina.


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