
Anomia en el Pago Chico o la normalización del caos.
Gustavo VeUspallata, nuestro querido "pago chico", nuestro "Valle de Película" parece estar sumergido en un preocupante estado de descontrol y falta de respeto por las normas básicas de convivencia.

La anomia, el desorden y la aparente ausencia de controles policiales o municipales se han vuelto cada vez más evidentes, generando una creciente inquietud entre sus residentes. ¿Qué está sucediendo en nuestra comunidad que la ley parece haberse disuelto en el aire de la montaña?
Los ejemplos de esta anomia son múltiples y cotidianos. En la avenida principal, la desaparición de los (escasos) espacios de estacionamiento para personas con discapacidad o movilidad reducida bajo el blanqueo indiscriminado de los cordones y la inexistencia de carteles aéreos indicadores,ha transformado el acto de estacionar en una odisea para todos : discapacitados y no discapacitados. A esto se le suman las fatídicas vueltas en "U" realizadas en medio de la avenida principal por locales y foráneos, ignorando alegremente el tránsito que viene y va, así como las dobles líneas amarillas que prohíben explícitamente estas peligrosas maniobras.

La libre circulación de vehículos que no respetan las medidas estándares de alto,ancho y largo de los famosos "carritos" (vehículos de arrastre), veloces bicicletas en contramano, con ciclistas que carecen de cualquier señal de seguridad como luces o chalecos reflectantes, representa un riesgo constante para todos,especialmente en horas nocturnas o en condiciones de baja visibilidad .
Las motos circulan con exceso de pasajeros, llevando a más de un adulto y varios niños, desafiando toda normativa de seguridad vial. Los vehículos, por su parte, se ven circulando y estacionando de cualquier manera, incluso en doble fila, aportando al caos general, en especial en tiempo de vacaciones y con saturación de turistas.
Pero la problemática no se limita al tránsito vehicular. Los espacios públicos han sido impunemente apropiados por particulares y la práctica se ha naturalizado hasta convertirse en algo que ,de tan normal, ya parece invisible.
Veredas, banquinas y hasta la propia cinta asfáltica son invadidas con mesas sillas,escombros,ripio,arena, "conos" u otros elementos prohibidos por la Ley de Tránsito para quienes no representen organismos estatales y no estén desempeñando tareas oficiales en la vía pública. Todo esto sin que a ninguna autoridad parezca inportarle un bledo .
Esta privatización de facto del espacio común limita el libre tránsito vehicular y peatonal, así como el disfrute pleno de los habitantes del Valle de Uspallata.

La pregunta que resuena en la comunidad es inevitable: ¿Qué está fallando en nuestro "pago chico"que la anomia, el desorden y la ausencia de controles se hacen tan palpables? ¿Será acaso que los intereses de unos pocos están por encima de los intereses del bienestar colectivo? ¿Será que el negocio, ya sea del turismo o cualquier otra actividad económica, importa más que la calidad de vida de los residentes que durante todo el año viven, trabajan y contribuyen con su hacer diario a la comunidad de Uspallata?
Es imperativo que las autoridades locales tomen cartas en el asunto y restablezcan el orden. La convivencia pacífica y el respeto por las normas son pilares fundamentales para el desarrollo y el bienestar de cualquier comunidad. Uspallata merece recuperar la tranquilidad y el respeto que sus habitantes merecen.
¿Estamos dispuestos a permitir que el descontrol se convierta en la nueva normalidad? De ser así,que las autoridades correspondientes dejen los dobles discursos y digan, sin eufemismos, si aquí y ahora la ley que impera es la del
"sálvese quien pueda".




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