
Del Congo a Bolivia, la Última Batalla del Revolucionario Errante
Gustavo Ve
Aunque de nacionalidad argentina, el Che fue adoptado como un hijo más por el pueblo cubano. Su destino se selló cuando se unió a los hermanos Fidel y Raúl Castro, y a Camilo Cienfuegos, en la lucha que culminaría con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Demostrando una lealtad y un compromiso inquebrantables, no fue solo un guerrillero legendario, sino también un arquitecto de la nueva Cuba. Ocupó cargos de inmensa responsabilidad: Ministro de Industria, Presidente del Banco Nacional e incluso representó a la isla en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Sin embargo, la mente del Che anhelaba horizontes más amplios. La Crisis de los Misiles de 1962 fue un punto de inflexión. Se sintió profundamente traicionado por la retirada soviética, un acto que consideró una concesión inadmisible ante el imperialismo estadounidense. Convencido de que el deber de un revolucionario era hacer la revolución, decidió llevar la lucha al corazón del Tercer Mundo. Su influencia se extendió por América Latina, apoyando el surgimiento de movimientos como el Frente Sandinista en Nicaragua y los Tupamaros en Uruguay.
En un acto de coherencia radical, en 1965 renunció a todos sus cargos e incluso a su ciudadanía cubana. En una carta desgarradora dirigida a Fidel Castro, dejó claro su propósito: "Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos". Bajo el alias de Ramón Benítez, desapareció de la vida pública. Su primer destino fue el Congo, donde intentó, sin éxito, apoyar a la resistencia anticolonial. La experiencia fue un fracaso, pero no amainó su espíritu.

Su último y definitivo viaje comenzó en 1966, cuando ingresó a Bolivia con un pasaporte falso a nombre de Adolfo Mena González. Creía que la cordillera de los Andes podía convertirse en una nueva Sierra Maestra, un foco revolucionario que irradiaría a todo el continente. Sin embargo, la realidad fue muy diferente. Al mando de un pequeño grupo de 47 combatientes, se encontró con una férrea oposición del ejército boliviano, entrenado y asesorado por los Estados Unidos. La falta de apoyo de los campesinos locales, la difícil geografía y la ausencia de una red internacional de apoyo los dejó completamente aislados.
Poema dedicado por Ernesto Che Guevara a su esposa Aleida March, antes de su partida para Bolivia Los todos me exigen la entrega total, Salgo a edificar las primaveras de sangre y argamasa Si me destinan al oscuro sitial de los cimientos,
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El final se precipitó en la agreste Quebrada del Churo. Herido y con su fusil inutilizado, el Che fue capturado el 8 de octubre. Al día siguiente, sin juicio ni contemplaciones, fue ejecutado. Su cuerpo, exhibido como un trofeo en Vallegrande, fue luego enterrado en una fosa común, desapareciendo durante tres décadas como un último intento de borrar su leyenda.
Pero las ideas no se entierran. En 1997, sus restos fueron exhumados y trasladados a Cuba. Hoy, Ernesto "Che" Guevara descansa para siempre en un memorial en la ciudad de Santa Clara, el lugar de una de sus más grandes victorias militares. Allí yace, no solo un hombre, sino un ideal; el símbolo perdurable del revolucionario errante que creyó, hasta su último aliento, que otro mundo era posible.






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